jueves, 15 de marzo de 2012

HIDROTERAPIA PARA LA FIEBRE

La sensación térmica depende en gran parte de la temperatura cutánea, es decir, del riego sanguíneo de la piel. Sentimos calor cuando nuestros vasos sanguíneos se dilatan y frío, cuando se contraen, independientemente de la temperatura central del organismo.

La temperatura corporal está regulada por el hipotálamo, nuestro “termostato”. Cuando se produce un aumento de la temperatura del organismo, el hipotálamo anterior provoca vasodilatación de la piel y sudoración para perder calor. Mientras que, cuando desciende la temperatura, el hipotálamo posterior, mediante vasoconstricción, se encarga de concentrar calor. Por este motivo, empezamos a sentir frío y a tener escalofríos.

LA FIEBRE
La fiebre es un síndrome, no un síntoma ni una enfermedad por sí sola. La hipertermia es su manifestación más importante, pero va acompañada de taquicardia, taquipnea, sequedad de la mucosa oral, cefalea…

Es una respuesta de defensa del organismo que acelera los mecanismos de curación y activa el metabolismo celular, lo que permite la degradación de toxinas metabólicas que, de otra manera, quedarían acumuladas.

Dicho esto, es fácil entender porqué la fiebre no debería ser suprimida de forma indiscriminada y sistemática. Solo debería ser combatida con antitérmicos en aquellos casos en los que la temperatura fuera muy elevada y hubiera riesgo de que provocase crisis epilépticas a la persona. E incluso en estos casos, sería mejor hacer un “acompañamiento” de la fiebre con remedios naturales (homeopatía, medidas físicas…), es decir, aplicar los remedios necesarios para mantener una temperatura corporal algo inferior a 39ºC. De esta forma, la fiebre podría continuar su proceso curativo sin entrañar ningún peligro.

MEDIDAS FÍSICAS: HIDROTERAPIA
La hidroterapia va dirigida a facilitar el equilibrio térmico, va a sedar a la persona permitiendo su acción terapéutica. Por el contrario, los antitérmicos químicos suelen bajar la temperatura exterior dejando elevada la interior, provocando un desequilibrio térmico y suprimiendo los beneficios de la fiebre.
  • Envolturas de tronco
Se moja en agua fría y se escurre un trozo de tela o sábana de la anchura del tronco de la persona y con longitud suficiente para darle dos vueltas.

Colocar un plástico sobre la cama y tumbar al enfermo sobre éste.

Se envuelve a la persona con la tela dando una primera vuelta por debajo de las axilas, dejando los brazos fuera y la segunda vuelta dejando los brazos dentro. Es muy importante evitar que queden burbujas de aire.

Por último, se envuelve el cuerpo con una manta y se le abriga.

A los pocos minutos se ha de notar como el fomento frió empieza a sacar calor del cuerpo del paciente. Si no hay reacción, el efecto no es positivo.
  • Baño de temperatura decreciente
Se sumerge al enfermo en una bañera con agua a temperatura corporal y se va añadiendo progresiva y lentamente agua fría para descender la temperatura del baño.

Una bajada brusca de la temperatura provocaría tiritonas a la persona y estas contracciones musculares harían que le volviera a aumentar la fiebre.

Es un método más drástico que el anterior y se debe reservar para cuando es más urgente bajar la temperatura.

Otras medidas que podríamos emplear para controlar la fiebre son: ventilar y refrescar el ambiente y mantener al paciente desnudo o ligero de ropa, fuera de corrientes de aire.

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