lunes, 31 de octubre de 2011

LA LECHE (3ª parte)

La leche es un alimento tan completo que nos nutre por sí sola durante los primeros meses de nuestra vida, fomentando un vínculo con nuestra madre muy intenso. Pero tras esta etapa, decidimos continuar tomándola sustituyéndola por la de vaca, siendo el único mamífero que sigue haciéndolo tras su destete.

Desde muy pequeños, se han asegurado de que creamos que necesitamos tomar leche, aún siendo adultos, si queremos tener unos huesos fuertes y sanos. Pero en realidad, el consumo regular de leche de vaca nos puede acarrear, o ya lo hace sin que seamos conscientes de ello, muchos y variados problemas de salud.

Si bien es cierto que nuestro organismo necesita un aporte adecuado de calcio, no solo para mantenernos lejos de la temida osteoporosis, deberíamos plantearnos si la leche es un buen aliado para este propósito y, si lo único importante es el calcio que consumimos y no el que perdemos diariamente.

LA CARA MENOS AMABLE DE LA LECHE
La lactosa
Para su correcta asimilación es necesaria la acción de la lactasa, enzima que va desapareciendo paulatinamente a partir de los 3 años de edad.

Cuando hay carencia o déficit de lactasa, la lactosa que no ha sido asimilada pasará entera al intestino donde fermentará gracias a distintas bacterias. Esto provocará una serie de síntomas como flatulencias, distensión abdominal, dolor tipo cólico, diarrea y pérdidas de hierro. Es lo que se conoce como intolerancia a la lactosa.  Además, va a potenciar la absorción de metales pesados presentes en los alimentos que consumimos.

La caseína
Al igual que pasa con la lactasa, nuestro organismo va perdiendo la capacidad de segregar la enzima necesaria para la hidrólisis de la caseína a medida que vamos creciendo. Eso nos va a provocar problemas digestivos e incluso, va a entorpecer la correcta absorción de otros nutrientes.

La caseína neutraliza la acidez gástrica, por eso se utiliza como remedio casero para la gastritis, pero no es una buena solución, porque además de que algunas gastritis son debidas a la baja secreción de ácidos gástricos, esta neutralización hace que pase parcialmente digerida al intestino delgado, pudiendo desencadenar enfermedades autoinmunes (artritis reumatoide, lupus…). Además, favorece las infecciones intestinales al establecer un medio más alcalino.

 Otras bondades
  • Su excesivo contenido en sodio (50mg; la leche materna solo contiene unos 16mg)
  • Rica en hormonas de crecimiento, por lo que se asocia al desarrollo de cánceres hormonodependientes
  • Su pobre contenido en magnesio, imprescindible para una buena asimilación del calcio por parte de nuestro organismo
  • Una buena fuente de calcio debe tener una proporción calcio-fósforo de 2:1 (Dr. Oski, pediatra), mientras que la leche tiene una proporción de 1,27:1
  • Contiene unas 6 veces más fósforo que la leche humana, lo que provoca un estímulo permanente de las glándulas paratiroideas para poder excretar este exceso por vía urinaria
  • Añadir vitamina D sintética a la leche, favorece que el calcio se deposite en zonas del cuerpo que no lo necesitan (arterias, riñones, tejidos blandos…)

Problemas de salud relacionados con el consumo de leche y derivados
Los lácteos producen mucosidades y colaboran en el desarrollo de enfermedades respiratorias como la sinusitis, el asma… Los que tienen niños pequeños saben bien que es lo primero que se les retira de la dieta cuando acuden a su pediatra por otitis, resfriados…

Si al consumo de lácteos le añadimos el consumo de proteínas de origen animal (sobre todo carne) y de azúcares refinados, tendremos la receta perfecta para sobrecargar a nuestro organismo, debilitarlo y favorecer la aparición de alergias, infecciones, acné y un largo etcétera de enfermedades inflamatorias y cardiovasculares.

Y por último, y no menos importante, es el hecho de que al aumentar la acidez en nuestro medio interno, vamos a poner en marcha los mecanismos compensadores que utilizan minerales, como el calcio, que serán removidos de nuestras reservas: huesos y dientes.