martes, 7 de septiembre de 2010

LAS ALGAS (1ª PARTE)

Las algas, aunque nos parezcan un alimento relativamente nuevo, son los vegetales más antiguos que existen, desde un punto de vista evolutivo. Si bien es cierto que los occidentales las hemos introducido en nuestras cocinas hace unos 20 años aproximadamente, ya en la antigüedad, eran de uso habitual en las sociedades costeras orientales (China, Japón y Corea), pero también eran populares entre los aztecas, vikingos, irlandeses...

Generalidades
Son unos vegetales muy concentrados y de fácil asimilación por parte de nuestro organismo. Contienen entre 10 y 20 veces más minerales que las verduras, entre los que destacan el hierro, calcio, sodio, potasio y yodo. También son fuentes importantes de oligoelementos, indispensables para el buen funcionamiento de nuestras células, así como de nuestro metabolismo y sistema inmunológico, y de vitaminas (A, B, C, D, E y K).

Para los vegetarianos cobran especial importancia a la hora de conformar su dieta diaria ya que son una buena fuente de proteínas y, además de los nutrientes ya mencionados antes, les aportan vitamina B12 en cantidades nada despreciables. Esta vitamina es muy difícil de encontrar fuera del reino animal y, a su vez, es indispensable para el correcto funcionamiento del sistema nervioso, la formación de glóbulos rojos, el metabolismo de los aminoácidos, crecimiento y regeneración de los tejidos...

Otra gran ventaja de las algas es que son alimentos exentos de colesterol y grasas saturadas, así como de antibióticos, pesticidas y hormonas, cuya presencia, por desgracia, es tan habitual en los productos cárnicos.


Propiedades
- remineralizantes: refuerzan huesos, dientes, pelo y uñas, estados de anemia, osteoporosis...
- estimulan el metabolismo y favorecen el equilibrio de las glándulas endocrinas: regulan funcionamiento del tiroides, mejoran secreción y asimilación de la insulina...
- facilitan la digestión y ayudan a disminuir el peso: tienen efecto saciante y sus mucílagos mejoran función intestinal
- ayudan a eliminar toxinas, purinas y elementos radiactivos
- alcalinizan la sangre, por su alto contenido en minerales
- disminuyen la absorción de metales pesados (plomo, mercurio, cadmio, aluminio...)
- regulan y equilibran los riñones
- incrementan la formación de hemoglobina, por su contenido en clorofila


Consumo recomendado
Por su gran concentración, su consumo tiene que ser moderado, unos 10-15g diarios. Aunque esto es a nivel general y, en determinadas circunstancias (hipertiroidismo, taquicardia, HTA, personas que usan sal yodada...), se debería consultar con un especialista en la materia antes de introducirlas en la dieta.




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